Adiós a los periódicos IV

El día que grabamos un podcast

 

Por Jorge Aguilar Pinto

Jun 12, 2020 | Adiós a los periódicos

“¿Qué pretendes con tu periódico? Todo lo que dices en sus páginas es muy ambicioso”, me dijo uno de mis críticos de toda la vida (que en ese entonces era uno de los críticos de Híkuri.press), cuando el proyecto se había ido a pique, pero pocas personas lo sabían.

 

Híkuri press, número 2

La tortuga chamánica que sostiene al mundo . La segunda edición de Híkuri pres también contó con una maravillosa portada de Mareana Hope. Foto: Jorge Aguilar Pinto

La mañana era soleada pero fresca, y una amiga y yo disfrutábamos de chocolates espumosos, sentados en una cafetería del centro histórico de San Cristóbal de Las Casas, cuando se apareció el susodicho y comenzó su perorata.

Solo me limité a escucharlo desacreditar un experimento editorial que tanto nos había costado a varias personas: a Mareana Hope, horas y horas de diseño de portadas, a Andrea muchas jornadas de negociación y ventas de publicidad. Y así a todas y todos. La lista era considerable.

Mi crítico terminó sus observaciones y esperó sonriente ante mi silencio sepulcral. “Tienes razón”, alcancé a decir, y continué callado.  Él se marchó creyendo que había vencido.

En mi mente tenía muchas respuestas, pero no alcancé a hilar una buena y contundente. El proyecto había naufragado y yo aún no tenía nada claro.

Como era lógico, al iniciar lo pretendía todo, desde el primer momento. Sin embargo, estaba consciente de los límites y de un posible final inevitable. Ese momento había llegado y todo había sido tan rápido que en los meses siguientes me dediqué a atajar toda clase de preguntas. Algunas muy simples y otras que me ponían a pensar seriamente en respuestas divertidas que nos dejaran a todos contentos.

Por más que buscaba no encontraba nada mejor que decir “el proyecto se terminó”. Pero entonces preguntaban “por qué” y me decían “ya intentaste…”, “conoces a…”, y así por el estilo. Quedarse callado tampoco era opción. Podía ser tomado como grosería o insulto.

Pero hablar quizá era la peor elección. Que solo podía ser superada por hablar y grabarse en audio. Como quedó demostrado cuando, a pesar de que ya no había remedio, nos metimos a una cabina radiofónica e hicimos un podcast, o lo que resultó, que es más bien una especie de cápsula espacial o mensaje poético publicitario, y que bien podría tomarse como una prueba de que, efectivamente, lo pretendía todo y cada cosa que dije era demasiado ambiciosa.

¿Qué puedo decirle a mi crítico? Tenía razón.

Lo que hicimos fue meternos a una cabina de grabación, previas rondas de tequila y porros, y de eso resultó algo sumamente divertido. Más de una vez llegamos a pensar que el producto era lo más parecido a un podcast. Circuló durante algunas semanas por Whatsapp y luego quedó para documentar esta historia.

 

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