El fin primigenio

Primer capítulo de Adiós a los periódicos

 

Por Jorge Aguilar Pinto

Jun 12, 2020 | Adiós a los periódicos

En la cadena alimenticia de todas las especies siempre hay un pez más gordo, y en el mundo de las publicaciones independientes son las imprentas quienes se quedan con la mejor parte. Incluso ahora que, podríamos decir, ya no es caro imprimir. Pero ¿es necesario hacerlo?, sería la pregunta pertinente.

En la cadena alimenticia de todas las especies siempre hay un pez más gordo, y en el mundo de las publicaciones independientes son las imprentas quienes se quedan con la mejor parte. Incluso ahora que, podríamos decir, ya no es caro imprimir. Pero ¿es necesario hacerlo?, sería la pregunta pertinente.

El surgimiento de las redes sociales marcó la pauta en el consumo informativo mundial. No solo acercaron a las audiencias a la fuente mediante el diálogo directo, en vivo, sino que les permitieron convertirse en emisores de información con capacidad de generar audiencias.

Más de cien años después de su aparición, la industria de comunicación ha cambiado su enfoque. Los medios impresos, revistas y periódicos, grandes y pequeños, tienden a desaparecer.  El viejo modelo de negocios basado en publicidad impresa no se ha terminado, pero va a la baja. En este momento es más rentable pagar anuncios en Facebook e Instagram, y generar una campaña publicitaria desde un smartphone.

Por razones de economía y medio ambiente grandes empresas periodísticas en todo el mundo han disminuido su tiraje, o cancelado sus rotativas. También han lanzado nuevos formatos digitales, cuyos contenidos indispensables son buenas fotos e historias periodísticas narradas magistralmente.

Papel periódico

Usos del papel periódico. El mismo papel periódico es tan versátil que envuelve flores y frutas, calienta y da cobijo, es el alma de las piñatas y hasta puede convertirse en alebrije. Foto: Jorge Aguilar Pinto

 El internet y las nuevas Tecnologías de Información y Comunicación abrieron otra ruta en los negocios, y eso impactó de forma directa en uno de los oficios más peligrosos del mundo. En sus modos, en sus formas, y muchas veces en su calidad. No sólo es tecnología para hacer el trabajo, sino que la facilidad que eso brinda permite reducir tiempo y personal especializado. Así se generan batallas interminables en internet entre medios informativos, profesionales y amateurs, queriendo llegar primero a las mentes de más de cuatro mil millones de internautas en todo el planeta.

No obstante, el papel no desaparecerá, sigue siendo un material noble y necesario para los humanos y en el mundo literario y en las artes plásticas se le da usos raros, divertidos y únicos. El mismo papel periódico es tan versátil que envuelve flores y frutas, calienta y da cobijo, es el alma de las piñatas y hasta puede convertirse en alebrije.

Antes de que oficialmente los chinos inventaran el papel, hace unos dos mil años, textos sagrados y poemas sobre el amor y la guerra fueron escritos en papiros y pergaminos. Sin embargo, es posible que décadas antes los pueblos prehispánicos de Mesoamérica fabricaran papel amate para pintar códices o emplearlo en la elaboración de adornos ceremoniales.

Durante el siglo pasado hermosas caligrafías y tipografías en todos los idiomas se estamparon en bond, couché, fabriano, y en otros papeles producidos a gran escala en fábricas, o en menor proporción en talleres que empleaban -y emplean, aún- técnicas artesanales.

En sobres y papeles perfumados se escribieron direcciones postales y secretos de estado. En cartulinas de alto gramaje se rotularon actas de defunción, certificados de nacimiento, pasaportes, cartillas militares, cartillas de vacunación, y toda clase de documentos autentificados con sellos oficiales y grandes firmas salidas de plumas fuente.

Incluso, sobre servilletas en los cafés se han garabateado los versos más cursis a la luz de la luna. Y quién no extraña el confeti de las posadas y los globos y los papalotes de papel de china, o los farolitos de noche buena.

A diferencia del papel para liar o de los timbres postales, por ejemplo, los libros de arte y literatura pueden parecer los objetos más inútiles y sin sentido, pero cuando son los indicados constituyen puntos de partida que nos anclan a la realidad o nos proyectan a la fantasía. Nos envían a otros mundos en un viaje sin tiempo, a la vez que nos entregan como un tesoro incuantificable las ideas y las emociones de quienes al otro lado escribieron y dibujaron. La esencia de los creadores queda impregnada entonces de forma invisible, cuántica, atemporal, en el objeto en sí, y en nuestra memoria histórica como especie.

Cuando miramos y leemos un libro, percibimos todo eso, no solo lo físico de sus páginas. Se despierta en nosotros una nueva conciencia. Entramos en contacto con nuevas ideas, con historias y personajes reales o ficticios, lejanos de la realidad inmediata, pero que son capaces de influir en ella de alguna forma, o por lo menos de conmover nuestras mentes y corazones al grado de replantearnos algunos aspectos de nuestras vidas.

Quizá el sentido de un libro, su fin primigenio, la utilidad de su existencia, es ese momento en que lectores y autores se encuentran a través de las páginas, en un diálogo incesante, interminable, de múltiples lecturas. Un momento único y trascendental en la vida de los involucrados. Algo realmente especial, lleno de asombro y magia.

Como lectores despiertos, nos alimentamos intelectualmente, queremos saber más sobre lo que nos interesa, nutrirnos de esas historias y de esas vivencias que nos están contando, porque en el fondo quizá también deseemos crear nuestros propios universos, literarios, artísticos, filosóficos, espirituales.

Por eso los libros, y también las revistas y los periódicos, cuando son bonitos, únicos, y están llenos de arte, ciencia, inteligencia y diversión, son objetos que se quieren conservar siempre. Pequeños tesoros que encienden nuestras vidas, que nos salvan del aburrimiento y de la violencia y del abandono. Nos alivian y nos curan. Porque al igual que escribir, el acto de leer y descifrar historias es un momento de absoluta libertad.

No sólo estamos conociendo eso que alguien, algunas, algunos, redactaron, dibujaron y fotografiaron y echaron en un barquito en forma de libro, revista, periódico o fanzine, sino que también estamos regalándonos una experiencia que nutre nuestra imaginación, fortalece nuestra fe, nos empodera en el mundo y nos da felicidad.

Un libro es de esas pequeñas cosas que nos hacen estar agradecidos y dan sentido a nuestra existencia, aquí, en la Tierra.

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Escritura híbrida    

Adiós a los periódicos

Primera parte 

Historias escritas y fotográficas desde la No Ficción. Este blog contiene artículos actuales y antiguos, escritos y re escritos bajo la luz de una nueva óptica editorial y periodística.

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